Prefiero mil veces que me abras tu corazón a que me abras tus piernas.
Amorinómano
Me cuesta rendirme, soy persistente, mas mis límites tienen pinceladas de dolor y whisky. Insistí, pero perdí. Perdí las ganas aunque concebí la idea de que nada es imposible. Tal vez no he insistido lo suficiente, tal vez todavía no he hecho todo lo que podía. Es más, estoy seguro de ello. Por ahora seguiré escribiendo textos y versos, que ya llegará el momento en el que el mundo se me quede pequeño. En ese momento me mezclaré con el inmenso sentimiento que me va creciendo dentro.
Palabras, son solo palabras. Podré escribir durante mil años y podré perfeccionar mi técnica hasta niveles inverosímiles, pero nunca llegaré a plasmar con total fidelidad todo lo que siento. Es algo indescriptible, increíble, es una sensación que te invade y te alimenta. Es como si todo tu cuerpo se pusiera de acuerdo para sentirse bien, los dolores no existen, los sentimientos negativos desaparecen, el positivismo te llena y te hace ver la vida de otra manera. Una caricia o una abrazo son suficientes para que olas de ese placer sano recorran cada célula de tu cuerpo y te haga sentir que todo es perfecto. Es como si fuera un orgamo emocional, te sientes como si estuvieras en una nube. Aunque más que nube es una burbuja, una burbuja que te aisla de todo lo que no tenga que ver con ese instante. En parte es como una droga. Cuando no puedes acceder a ese placer, te entra mono: echas de menos, añoras, extrañas. Quieres volver a sentir ese sentimiento, quieres volver a entrar en esa burbuja.
Lo quieres y no lo tienes. Estarías dispuesto a recorrer medio mundo con tal de conseguirlo, de desafiar a todo lo que se te ponga por delante, no te importa nada con tal de volver a sentirlo. Al principio buscas cualquier excusas para verla, pero no hay excusas, tan solo un motivo: verla. La sinceridad a veces da miedo, pero es abrir los brazos y mostrarte tal y como eres sin máscaras, corazas o antifaces. Es arriesgarse a que te rechacen.
¿Quieres que te mire a los ojos y te diga todo lo que estás deseando oír? Pues abre los ojos
Calles que enseñan cariño
Respiro, cojo aire. El frío me hace sentir vulnerable. Salgo a la calle y vago por lugares con luces agonizantes, que horas antes estaban invadidas por risas y gritos de niños, pero al caer la noche desaparece cualquier rastro de cariño dando paso al olvido. Olvido y soledad, no queda nada más en estas calles vacías y marchitas que dejan a su paso un gris fracaso que tiñe el asfalto. Son estas calles por la noche las me recuerdan los momentos en los que suspiraba miraba al cielo y me moría por dentro. Momentos en los que tenía un futuro incierto y mi percepción del presente seguía dormida. Por suerte con el tiempo abrí mi mente y me di cuenta que lo importante es el presente, que los fuegos hay que apagarlos cuando prendan, no cuando todavía son madera seca. Estas calles en su soledad me enseñaron a pensar, a reflexionar sin necesidad de tener cerca a nadie más. El olvido y la soledad a veces no vienen tan mal, ya que para aprender a apreciar el cariño primero debes saber que significa no tenerlo. En ese entonces fue cuando firmé un cheque en blanco y lo puse a nombre de “Cariño”.
Nada es como esperas
Sonrisas convertidas en líneas rectas, mensajes que llegan tarde o que nunca llegan, besos que en vez de endulzar envenenan. Querer sentir el amor y no sentir ni un poema cuando se plasma en mi libreta. Querer ser Romeo para que tú seas mi Julieta y haberme hecho el harakiri estando tú todavía despierta. Odiar las etiquetas y vivir rodeado post-it que me recuerdan que los nombres no me interesan, sino lo que siento y como las personas piensan, ahí es donde reside el amor y la belleza. Querer abrazarte por un instante y que no seas más que un reflejo distante. Querer sentir tu cuerpo para demostrar que tus curvas son arte y no tener más remedio que imaginarte porque en la realidad no puedo tocarte. Mirar al cielo y pensar que me he vuelto loco por algo tan sencillo como sentir algo y que no sea recíproco.
Cúrame
Cuanto más borrosos ven mis ojos más claro piensa mi mente. La sinceridad necesita que el cerebro levante las barreras de la razón para poder ver la luz.
Abrazos al aire con gotas de tristeza por no tenerte cerca. Aquí al lado, a un palmo de mis manos que quieren danzar por tu espalda…
48 horas
Han sido 48 horas de tensión, de tener los cascos puestos y acabar hasta la polla de leer textos. Sonrisas pocas, mala ostia mucha. Es lo que tiene beber Monster en vez de agua. ¿La tensión arterial? Por las nubes. ¿Mis ánimos? Por los suelos. Si me apuras me pongo a comer techo. Los tics nerviosos se multiplican. El gingseng, la taurina, la cafeína y el guaraná corren por mis venas. ¿La meta? Al ritmo que llevan infarto de miocardio pequeña. De las 48 horas me he pegado 28 sentado en esta silla, que vale que es cómoda, pero tener el culo siempre en mismo sitio me irrita, me pone nervioso y más con esas mierdas que bebo.
Quiero escribir cosas bonitas, pero hace tiempo que la alegría no inunda mis días. Tan solo a veces mis noches teñidas de cerveza. Prometo volver con cosas mejores que contar, pero por ahora toca descargar la tensión acumulada. Mañana empieza otra semana, por suerte la última. A partir de ahí podré dar rienda suelta a mi imaginación y mis ansias de placer no satisfechas. Podré beberme una cerveza mientras escribo páginas de nuevos poemas o simplemente historias e ideas que te harán ver que en el fondo mantengo mi escencia, aunque no te lo creas.
Bésame. ¿Por qué me pides eso ahora? Es que quiero irme a la cama con un buen sabor de boca.
